Las portadas de Cultura|s de La Vanguardia

JORDI BALLÓ, coordinador del Consejo Asesor de Cultura|s

Toda imagen contiene la clave de su propio misterio. Este principio preside la elección de la imagen central de cada portada del suplemento Cultura|s. Una imagen en primer plano, que el lector interpreta rápidamente que forma parte de otra imagen, mayor y completa, que encontrará en el interior. Pero esta imagen fragmentada nos dice algo. Nos habla del detalle, de la densidad, de una cierta opacidad. Son imágenes que no se dejan atravesar, que no son “una ventana abierta al mundo”, como proclamaría desde siempre la tradición renacentista. Esta imagen contiene un misterio que no está a simple vista. Su ampliación ha sido el resultado de una observación minuciosa. El lector podría seguir con el ejercicio: a partir de aquel momento ninguna imagen es inocente. Siempre, en todas ellas, podemos buscar fragmentos que contienen su revelación, algo que podía estar oculto, pasar inadvertido.

Sabemos, por la experiencia de los lectores, que el ejercicio de ir a buscar de qué imagen entera forma parte el “blow-up” de la portada se constituye en uno de los placeres de las rutinas de Cultura|s. En esta búsqueda se obtienen otros conocimientos. Por una parte entendemos que toda imagen podría someterse a este ejercicio de minuciosidad. Por otra, una vez encontrada, se produce una peculiar forma del “querer saber” platónico. Una vez reconocida la imagen, encuadrada e interpretada, podemos adivinar por qué razón ha merecido el privilegio de figurar en primer plano de la portada. Cuál es su tema, su significado, su mensaje. Desciframos sus claves. Y así aumentamos nuestro placer de conocer.

Esta imagen primordial dialoga con otra imagen huidiza, que recorre verticalmente la parte derecha de la página. De esta imagen el lector sabe, o supone, que está dotada de un gran contenido porque pertenece al tema central que inaugurará aquel número. Un tema que ha dejado una huella visual en la portada a través de este pliegue icónico que no anuncia casi nada, sólo otro misterio que se desvelará inmediatamente al continuar la lectura en la página siguiente. Pero esta descompensación entre la imagen primera y la segunda da velocidad a la portada. Y se establece un diálogo entre las dos: una que ocupa la mayor parte del espacio y que se presenta de forma casi abstracta, casi puntillista, de la que no sabemos nada; la otra, mucho más concreta en su granulado, pero que resulta difícilmente descifrable a causa de su corte vertical. Dos misterios en la portada. Sus claves sólo se encontrarán con la lectura atenta de su interior.

Esta es la propuesta: podemos comunicar información a través de sensaciones, podemos transmitir pensamiento a través de la búsqueda, de la selección, de la ocultación parcial que nos lleva a la revelación. Es otra forma de entender la adquisición de saber: conducimos la mirada del lector hacia un enigma. Pero este enigma se centra en lo real, porque las dos imágenes nos hablan de la realidad pese a que no muestren de una vez todas sus armas. Y resultan, por tanto, una metáfora del suplemento entero, el vehículo de un compromiso: Cultura|s aspira a crear centralidad, y sus portadas son el primer impacto para ello, manifestando la
voluntad de creación que preside todo el proyecto desde su fundación.

Reflexión sobre el diseño de la primera página de un nuevo suplemento

PABLO MARTÍN, diseñador y creador del proyecto

El punto de partida para el diseño del suplemento de culturas fue la manera de escribir su cabecera. Nos pareció más interesante escribir CULTURA|S, con una barra de separación entre la A y la S, que CULTURAS a secas. De esta manera el nombre del producto se adecuaba mejor a sus contenidos, ya que expresaba lo específico del concepto Cultura y a la vez la idea más genérica del concepto Culturas.

Investigando la solución tipográfica de la cabecera nos pareció gráficamente más adecuado utilizar una barra vertical en vez de la tradicional barra en diagonal. Fue entonces cuando vimos que si esta barra se extendía verticalmente la portada se podía dividir en dos espacios. Este recurso podía ser interesante desde un punto de vista gráfico si podíamos combinar dos imágenes, o una imagen y un color, etc.

El camino que parecía más interesante era el de combinar dos imágenes. Por lógica, la imagen grande debía ilustrar el tema de portada y la franja estrecha un tema secundario. Sin embargo, esta solución generaba otro problema. En el lanzado de los contenidos el tema de portada arrancaba siempre en la página 2 y se alargaba hasta la 4 o la 5. Si ilustrábamos la portada con una imagen que hiciera referencia al tema principal se podría producir una duplicidad de ilustraciones para el mismo tema, uno en la portada y otro en la página 2. Una solución a esta duplicidad podría haber sido arrancar expresamente el tema en la portada y no ilustrar la página 2, sin embargo, de esta manera, el producto daba excesiva importancia al tema, lo que no hubiera reflejado la variedad y riqueza de contenidos. Por lo tanto, decidimos utilizar la franja estrecha para situar una imagen que ilustrara el tema de la página 2. El formato tan vertical, sin embargo, hacía muy difícil la percepción total de la imagen, aunque era ideal para sugerir, para mostrar, una porción de la imagen que encontraríamos en la página 2. Así pues, el problema de la posible duplicidad quedaba no solamente resuelto, sino que la solución se convertía en un rasgo de identidad del producto. La franja vertical de la portada y su continuación en la página siguiente nos dio la clave para la estructura reticular del interior del suplemento. A partir de esta idea desarrollamos la retícula con un sistema de columnas y de franjas verticales que podían desplazarse por las páginas para separar unos temas de otros. La retícula de Cultura|s es un acordeón que se estira o se encoge según la dimensión de sus artículos o de la paginación. Toda la idea de maquetación tiene su origen en la portada.

Si la franja de la derecha iba a ilustrar el tema principal, debíamos definir cómo debía ser la imagen de la izquierda, en realidad la imagen más grande, la que iba a darle la personalidad a cada portada.

Por un lado, no podía ilustrar un tema secundario. No tenía mucho sentido darle más espacio a un tema secundario que al tema principal. En realidad no podía ilustrar ningún tema para no generar confusión. Por lo tanto, debía ser una imagen neutra que pudiera convivir con un fragmento de la imagen de la página 2. En el proceso de diseño hicimos unas pruebas con detalles de imágenes, con ampliaciones de pequeños fragmentos de imágenes de temas diversos. Pudimos comprobar que si elegíamos bien, el resultado de la unión entre un fragmento estrecho de imagen y un detalle era una portada visualmente muy novedosa, diferente e interesante. Una solución ideal para un producto sugerente, cuyos contenidos eran muy atractivos.

La manera de conseguir un detalle de una imagen a la hora de cerrar la portada cada semana es buscar entre las imágenes que se han seleccionado para el interior. Conocida la imagen que va en la página 2, buscamos un detalle abstracto que contraste con dicha imagen. De esta manera se ha generado una especie de “juego” entre los lectores que intentan descubrir a qué imagen corresponde el detalle de la portada.

Para acabar de hacer una portada gráficamente interesante decidimos marcar los ejemplares destacando su numeración. De esta manera el producto se convertía en un “coleccionable” y a la vez la portada incorporaba un elemento tipográfico característico, en realidad más importante que la misma cabecera. Al ser un producto que se distribuye con el diario, la cabecera no era imprescindible que fuera muy llamativa, al contrario, preferimos que fuera un poco discreta, lo adecuado para un producto culto, y que fuera flexible: la cabecera puede subir y bajar dependiendo de las necesidades de titulación.

Las familias tipográficas utilizadas en la portada son Swift para cabecera y para el número y Akzidenz Grotesk para los destacados. El cuerpo de texto es Nimrod.

Elegimos Swift porque el dibujo de sus números es muy atractivo, sobretodo en tamaño grande, y porque siendo una tipografía con serif, tiene un carácter muy moderno. Frentre a ella, Akzidenz apotaba la seguridad de una buena lectura al componer textos sobre fotos.

MÁS INFORMACIÓN

Suplemento Cultura|s de La Vanguardia en Internet
Estudio Gráfica, de Pablo Martín